7 de junio de 2016

Reseña literaria: El fantasma de la calle Royale, Jean-François Parot


 Autor: Jean-François Parot.

Año: 2001
Número de páginas: 470 páginas.
Encuadernación: Tapa dura.
Editorial: edhasa
Idioma: Español


Sinopsis: 1770, hace casi diez años que el joven Bretón Nicolás Le Floch llegó a París y entró en la policía del Châtelet. Su exitosa carrera ha generado un buen número de recelos y envidias, que quizá tengan algo que ver en la sorprendente matanza que se produce durante la fiesta organizada para celebrar el matrimonio del Delfín. El hallazgo del cadáver de una joven con una perla negra en la mano no hace sino complicar las cosas. 
Incluso en el Siglo de las luces, hay espacio para los exorcismos y las supersticiones y Parot las descubre, como también nos muestra que la corte no estaba tan aislada de la vida cotidiana como siempre nos han mostrado.


Nicolás Le Floch, comisario en el Châtelet, un bretón de treinta años, con una capacidad deductiva no tan impresionante como la de Sherlock, ni con métodos filosóficos como los de Aristóteles, (anterior reseña hecha por su servidor), sino con el don de la palabra, de la inteligencia y la calma, con la cual aborda cualquier asunto, incluso una discusión con el Teniente General Sartine.
En realidad este libro es el tercero de una saga impresionante de diez libros sobre el comisario Nicolás, que a través de sus ojos conocemos la vida en París en el siglo XVIII. En la anterior reseña que hice sobre Aristóteles, había dicho que la novela se aleja de la parte histórica para ofrecernos un caso ocurrido en Atenas, en cambio, el fantasma de la calle Royale, es más enfocado en contarnos toda esa historia y como era toda París, antes de la gran revolución francesa.

Que sea el tercero lo vuelve un poco problemático ya que las explicaciones sobre los personajes, o lugares, son muy por encima y es como si ya hubiéramos leído los dos anteriores, lo sé, sé que para leer una saga debes iniciar por el primero, pero en cuestiones detectivescas a veces no es necesario y existen sagas que pueden leerse los libros siguientes sin haber leído los anteriores, caso de Skulldugery pleaseant, que leí el tercero y lo entendí y Percy Jackson, que te recuerda de una forma magistral lo que pasó en anteriores libros, pero como si fuera la primera vez que lo lees. Acá sí se vuelve un embrollo leerlo tratando de recordar los nombres y de entender bien cual es cual. Pero luego de que logras cuadrar los personajes y entenderlos, se vuelven un deleite, son divertidos, muy aferrados a su personalidad y muy humanos, pocos libros logran hacer eso, y más si sus diálogos hacen que te pierdas, pero logras conectar con su personalidad, es un gran punto a favor.

Hablando de personajes, hablemos del protagonista, Nicolás Le Floch. Joven que se ha ganado su título de comisario a través de su forma de ser y su sagacidad mental, ya que logra desenvolverse de una manera muy buena con todas las personas y logra de verdad conectarse con todos. Esto no solo aplica a su relación con los personajes, sino a la relación con el lector, que cada vez se siente en mejor compañía gracias a la personalidad de Nicolás, por esta razón el libro es más disfrutable.

El caso es interesante, ya que el asesinato de una mujer ocurrido durante la revuelta de la plaza Luis XV (hecho histórico muy real, murieron más de 800 personas), se vuelve más una situación familiar con un montón de intrigas, en los cuales aparece incluso el demonio, con unas escenas de posesión magnificas y un exorcismo muy bien detallado.
Estos son detalles que hacen que la novela sea más fácil de disfrutar, la forma en como describe todo el autor está lleno de una galantería propia del siglo XVIII, solo existe un pequeño problema en toda esta hermosa explicación de los acontecimientos y lugares, que si no eres conocedor de París durante este siglo, entender el entorno se vuelve confuso. Y no solo el entorno, también la forma en la que hablan, es tan dieciochesca, tan de la época victoriana, que es muy complicada de entender.

Las palabras usadas por el autor, hacen un viaje en el tiempo impresionante, y serían más disfrutables si uno entendiera varias cosas, que están escondidas en palabras que usando otras más simples, no generarían tanto enredo mental. Existe una escena, pequeña, en la que Nicolás se mete por un barrio muy bajo para buscar a un hombre:
“La calle de la Vieille-Boucherie, en cambio, seguía siendo inhallable en aquel dédalo de callejas, corporaciones y callejones sin salida”. 
Solo si tienes un conocimiento de varios libros, o al menos mitología, se entenderá que hace un pequeño uso a Dédalo, padre de Icaro y aquel arquitecto que construyo el laberinto donde se metió al minotauro. Si no se tienen estas referencias en la mente, tanto en cómo explica las cosas, como en los diálogos que sostienen los personajes, uno se puede perder fácil.

El otro punto en contra es que, al ser una novela histórica, la explicación de los lugares es densa y muy bien hecha, pero que se queda en eso, y más cuando se trata de darnos a entender que pasaba en ese momento por esos lugares durante esa época. El caso a veces se pierde de vista y nos quedamos en un recorrido por París pre-revolución.
Es un punto en contra, como dije antes, si no tienes el conocimiento suficiente como para recordar todos los lugares que nombran, o el suficiente conocimiento lingüístico como para entender muchas cosas, pero a la vez es deleitable como es explicado todo ese entorno, si se logra sacar pedazos de lo que están describiendo, logras imaginar muy bien todo lo que pasaba, y más aún, entender el cómo se llegó a la revolución francesa, y el por qué.
Se siente un poco esa división, que pasa por los sitios en los que se desenvuelve nuestro protagonista, las casas y palacios que visita, haciendo que la historia siga un curso más o menos definido. Y por otro lado, están los viajes que tiene Nicolás por las calles en busca de información o moviéndose de un lado a otro, aparte de la visión que se nos ofrece de París, es conocer los pensamientos de Nicolás, lo acompañamos en verdad en su viaje, en su investigación, en los pequeños pensamientos que tiene sobre la vida y el tiempo, el tiempo que ha caído sobre él y sus camaradas sin darse cuenta.

Para cerrar, la investigación (es un libro de detectives y no he hablado casi de ella, que me perdone Conan Doyle). Nicolás no goza de una mente sagaz en cuanto a las pistas como Sherlock, ni nada parecido, pero sabe mantener la razón ante cualquier cosa, incluso una posesión demoníaca. La forma en cómo se juntan las pistas está muy bien armada, en algunas parecen pura suerte, pero la casualidad existe para un detective, y en otras Nicolás las ha encontrado mientras las buscaba. Se nos comparten los pensamientos de Nicolás y así, de esta manera, nosotros también hacemos nuestras conjeturas, solo al final, cuando Nicolás tiene la respuesta, no se nos dice que piensa, (maldito Parot), así que quedamos a la incógnita, esperando que se nos resuelva el caso, o intentar resolverlo nosotros, mientras se nos da un tiempo para reunir las piezas faltantes, a modo de discurso dado por Nicolás.

¿Por qué leerlo?: El libro goza de una prodigiosa narrativa, donde lo único que hace falta es conocimiento para poder disfrutarla más. De resto, el caso, los personajes y París, (oh, mi amada París), son deleitables la forma en que se nos presentan. Yo al menos, me dispongo a buscar los dos anteriores.
Lo mejor: Nicolás y París, los dos protagonistas, uno de la historia de ficción creada para la novela, la otra de la historia real, unidos de forma magistral.

Lo peor: La cantidad de palabras que solo se encuentran en un diccionario para poder entender en ciertos casos de lo que hablan, es una lástima, sin tanta cosa sería más exquisito de leer.

Frases del libro:
-“Cierto es, que los ancianos parecen viejos libros, que contienen cosas excelentes aunque, a menudo, apolilladas, polvorientas y mal encuadernadas”. -Nicolas hablando con la Paulet, dueña de una casa de citas.

-“—Debo recordaros, señor comisario en el Châtelet, secretario del rey en sus consejos, que vuestras funciones imponen gusto, aptitud para el trabajo y precisión, rectitud de espíritu, equidad de ánimo, igualdad de carácter, decencia en la conducta… ¿De quién creéis vos que estoy haciendo el retrato, señor?
—Pero…, de voz mismo, señor.” –Sartine recordándole a Nicolás lo que debe ser un buen policía.

Puntuación:  4/5, pensaba ponerle 3/5, pero no sería justo con la novela, solo por usar un lenguaje tan elevado.


Reseña por — M.

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